Comer sin culpa es posible
Disfrutas de una cena con amigos, te comes un trozo de pizza o decides darte un capricho con ese postre que tanto te gusta. En el momento, sabe bien. Pero apenas terminas el último bocado, una voz interna empieza a castigarte: «No debiste hacerlo», «Ya has arruinado la semana», «Mañana tendrás que compensarlo pasando hambre».
