¿Has observado cómo comes cuando estás ansioso?
Hay momentos en los que tu manera de comer parece cambiar sin que lo hayas decidido conscientemente.
Quizá empiezas a picotear continuamente. Abres la nevera aunque sabes que acabas de comer. Sientes una necesidad intensa de tomar algo dulce. Comes deprisa. Te cuesta reconocer cuándo estás satisfecho. O, por el contrario, la ansiedad hace que pierdas temporalmente el apetito y prácticamente tengas que recordarte que debes comer.
Después, cuando recuperas la calma, puedes preguntarte:
¿Por qué he comido así?
La relación entre ansiedad y alimentación puede ser compleja. No todas las personas responden de la misma manera y tampoco todas las modificaciones del apetito relacionadas con momentos de ansiedad significan que exista un problema alimentario.
Sin embargo, si observas que tu manera de comer cambia repetidamente cuando estás preocupado, nervioso, inseguro o anticipando situaciones difíciles, puede ser interesante comprender qué está sucediendo.
Desde la psiconutrición, no observamos únicamente el alimento que eliges. También estudiamos el contexto en el que aparece esa elección, tus pensamientos, tus hábitos y las situaciones que pueden estar condicionando tu conducta alimentaria.
Porque quizá el problema que estás intentando solucionar exclusivamente a través de la comida comienza antes de sentarte a comer.
La ansiedad puede modificar tu relación con el hambre y la comida
Piensa en cómo te comportas cuando estás tranquilo.
Ahora compáralo con aquellos días en los que tienes una preocupación importante.
¿Comes igual?
Probablemente no siempre.
Cuando estás ansioso puedes prestar menos atención a las señales internas de tu cuerpo. Tu mente está ocupada anticipando problemas, repasando situaciones, imaginando escenarios o intentando encontrar soluciones.
En ese contexto pueden aparecer diferentes respuestas.
Algunas personas comen menos.
Otras comen más.
Algunas sienten el estómago cerrado.
Otras empiezan a picotear.
Algunas buscan alimentos concretos que asocian con placer, tranquilidad o recompensa.
También puedes pasar gran parte del día sin comer adecuadamente y llegar por la tarde o por la noche con una combinación de hambre física, agotamiento y tensión emocional.
Entonces resulta difícil saber dónde termina una cosa y comienza la otra.
Por eso es importante evitar una interpretación excesivamente sencilla:
“No tengo fuerza de voluntad.”
Quizá la pregunta debería ser otra:
“¿Qué cambia en mi manera de comer cuando estoy ansioso?”
Empieza observando.
¿Comes más rápido?
¿Te cuesta sentarte tranquilamente?
¿Buscas determinados alimentos?
¿Comes mientras piensas en tus problemas?
¿Picoteas mientras trabajas?
¿Tienes más necesidad de comer por la noche?
¿Te saltas comidas y después comes grandes cantidades?
¿Te resulta difícil diferenciar entre hambre y necesidad de calmarte?
Estas preguntas empiezan a ofrecernos información sobre tu relación entre ansiedad, emociones y alimentación.
¿Tengo hambre o estoy intentando calmar algo?
Esta es una de las preguntas más interesantes que puedes aprender a hacerte.
No para prohibirte comer.
Para comprenderte.
El hambre física es solamente una de las razones por las que una persona puede iniciar una conducta alimentaria.
También existe el deseo de comer.
Y ambas experiencias no siempre coinciden.
Puedes haber terminado de cenar y pensar:
“Necesito chocolate.”
La palabra necesito resulta interesante.
¿Qué necesitas realmente en ese momento?
¿Chocolate?
¿Placer?
¿Descanso?
¿Desconectar?
¿Sentirte mejor durante unos minutos?
¿Interrumpir determinados pensamientos?
¿Premiarte después de un día complicado?
En ocasiones, determinados alimentos pueden quedar asociados a experiencias de bienestar, recompensa o alivio. Si esa respuesta se repite, puede aparecer un patrón parecido a este:
ansiedad → deseo de comer → comida → alivio momentáneo.
El problema es que el alivio puede durar poco.
Después pueden aparecer pesadez, frustración o culpabilidad.
Entonces surge otro pensamiento:
“Mañana tengo que controlarme.”
Al día siguiente restringes.
Intentas comer muy poco.
Te prohíbes determinados alimentos.
Pero vuelve la ansiedad.
Vuelve el deseo de comer.
Y el ciclo puede comenzar nuevamente.
Esto puede producir una relación cada vez más conflictiva con la comida.
La psiconutrición intenta precisamente ayudarnos a observar estos mecanismos sin reducirlos automáticamente a falta de voluntad.
Trabajar tu alimentación puede requerir entender primero tu ansiedad
Si tu manera de comer cambia cuando aparece la ansiedad, quizá no sea suficiente elaborar otra lista de alimentos permitidos y prohibidos.
Necesitamos investigar qué sucede antes.
¿En qué momentos aparece tu ansiedad?
¿Qué pensamientos suelen acompañarla?
¿Cómo responde tu cuerpo?
¿Qué haces habitualmente para intentar sentirte mejor?
¿Qué papel tiene la comida dentro de esas respuestas?
¿Existen determinados momentos del día especialmente difíciles?
¿Tu sueño está alterado?
¿Tu organización diaria favorece que pases demasiadas horas sin comer?
¿Utilizas la comida como recompensa después de jornadas agotadoras?
¿Has desarrollado miedo o culpabilidad hacia determinados alimentos?
¿Llevas años alternando periodos de restricción con periodos de pérdida de control?
Aquí empezamos a trabajar sobre algo más amplio que la dieta.
Estamos trabajando sobre tu conducta alimentaria.
Puedes empezar haciendo un ejercicio muy sencillo.
La próxima vez que aparezca una necesidad intensa de comer, antes de hacerlo pregúntate:
¿Qué está pasando ahora mismo?
Después identifica cuatro elementos:
Qué siento.
Qué estoy pensando.
Qué necesita mi cuerpo.
Qué necesito emocionalmente en este momento.
La respuesta puede ser hambre.
Perfecto.
Come.
Pero quizá descubras que algunas veces la respuesta es diferente.
“Estoy agotado.”
“Estoy preocupado.”
“Necesito descansar.”
“Estoy aburrido.”
“Acabo de discutir con alguien.”
“Estoy pensando continuamente en un problema.”
“Llevo todo el día restringiendo mi alimentación.”
Este pequeño espacio de observación puede ayudarte a pasar progresivamente de una alimentación automática a una alimentación más consciente.
Conclusión. No conviertas cada episodio de ansiedad en una lucha contra la comida
Si cada vez que la ansiedad modifica tu alimentación respondes imponiéndote más restricciones, puedes estar actuando únicamente sobre la consecuencia.
Necesitamos comprender también lo que ocurre antes.
Tu alimentación no funciona independientemente del resto de tu vida.
Tu estado emocional, descanso, trabajo, relaciones, pensamientos, organización diaria y experiencias anteriores pueden relacionarse con tu manera de comer.
Por eso, cuando hablamos de psiconutrición, ansiedad y alimentación emocional, el objetivo no debería ser simplemente aprender a controlarte.
Necesitamos ayudarte a comprender qué estás intentando gestionar mediante la comida y qué otras respuestas puedes desarrollar.
A veces, transformar la alimentación empieza con una pregunta muy diferente:
¿Qué me está pasando cuando necesito comer de esta manera?
¿La ansiedad está cambiando tu manera de comer?
Soy el Coach Dr. Apollinaire Dschoutezo.
Si observas que la ansiedad, las preocupaciones, el cansancio o determinadas emociones están modificando tu relación con la comida, podemos estudiar juntos qué está ocurriendo en tu caso.
Desde mi trabajo en Health Coaching y psiconutrición, podemos analizar tus hábitos, tu conducta alimentaria, tus dificultades, tus objetivos y aquellos factores personales que pueden estar interfiriendo en el cambio que quieres conseguir.
No necesitas necesariamente otra dieta.
Quizá necesitas entender mejor qué está ocurriendo entre tu mente, tus hábitos, tu vida cotidiana y tu alimentación.
¿Quieres empezar a trabajar tu alimentación y tu salud a un nivel personalizado y más profundo?
Conóceme y descubre cómo podemos empezar a trabajar juntos.
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Experto Univ. en Coaching e Inteligencia Emocional.
Experto Univ. en Coaching de salud
Certificado en Coaching de Salud (Univ. Complutense).
Formacion Profesional en Coaching Educativo y Mentorat.
Dr. Medicina Alternativa.


